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lunes, 30 de mayo de 2011

diálogos literarios


Bom dice:che lei los que me enviaste
Bú dice:a vos? qué?
Bom dice:el de encuentra una chica que lee y que no lee
Bú dice:demasiada ternura
Bom dice: demasiada verdad
Bú dice:demasiado nosotras dos
Bom dice:yo quiero un chico que lea
Bú dice: yo de 4 con los que estuve, el primero NO leia, J era el unico normalito, y los otros dos me ignoraban por quedarse leyendo. Aunque sí les reconozco que todos me leían mucho. ese gesto sí que me puede.
Bom dice: bueno entonces escribamos la version yo quiero que me invite a salir un chico lector
Bú dice: uno que lea y que NOS lea
Bom dice: ay si F. me leia, llorar
y escribia, snif
Bú dice:que nos lea poemas, novelas... que sepa leernos a nosotras como poemas que somos
Bom dice: todo eso que decis Lo describe a F.
Bú dice:si, que se aparecen con libros siempre
te recomiendan
te convencen
Bom dice: o postean fragmentos de poemas que te dedican como Francesca de E Pound
te enrroscan, básicamente
mira a F
"estas palabras que tanto han querido tocarte, se dedican a extrañar tu aparicion"
LLORAR
Bú dice: personificar las palabras. demasiado lindo
Bom dice: siii, demasiado Él
ya vengo ,
voy a llorar

miércoles, 27 de abril de 2011

Continuidad de los bosques...


Había empezado a leer la novela unos días antes. La abandoné por asuntos urgentes y volví a abrirla cuando regresaba de un viaje; me dejaba interesar lentamente por la trama, por el dibujo de los personajes. Esa tarde, volví al libro en la tranquilidad del atardecer en el bosque de casuarinas. Era una novela de amores contrariados. Los protagonistas contaban con miles de pequeños encuentros casuales, de esos que se desean tanto que al final ocurren y aunque duran milésimas de segundos permanecen por siempre. En ese capitulo él la buscaba recorriendo un bosque mientras el sol se escondia entre los arboles. Apuró el paso y corrió parapetándose en los árboles y los setos, hasta distinguir el sendero que lo llevaba hacia un claro. En el claro unos troncos, nadie alrededor. Lo atravesó menguando la marcha, casi sin que se oyeran sus pasos hasta que se detuvo detrás de ella, que leia un libro que hacia tiempo habia abandonado y la nombró.